miércoles, 30 de noviembre de 2016
La adherencia y la oposición estéticas: las imágenes del aliado y del enemigo
La adherencia a una colectividad como signo de individualidad es una característica de la Modernidad que se intensifica con el acercamiento del tiempo a nuestra era globalizada. Aunque parezca una contradicción, y muchos análisis cotidianos básicos pretendan demostrar lo contrario, la elección de una postura, o de una ideología en casos de esquemas más amplios, es una clara oposición al determinismo que se defendió por siglos.
Ser abolicionista en la época de la esclavitud, ilustrado en la época de la monarquía, nacionalista en la época del capitalismo explosivo de principios de siglo pasado, ser apartidista en la época de los sistemas parlamentarios partidistas, feminista en la época de la visibilización patriarcal, e incluso neomachista en la época de la socialización del feminismo son muestras de elección de dónde se está: de qué lado se está en determinadas divisiones colectivas.
Lo opuesto a la adherencia voluntaria sería justamente la adherencia por pertenencia casual: adherir a la chilenidad por haber nacido en Chile, adherir a una religión por provenir de una familia que la escogió como camino ideológico
-toda distinción de un entorno condcionante se manifiesta como adherencia declarada a esa oposición, y por tanto, grandes colectivos ideológicos humanos se agrupan de acuerdo al objeto del que desean distinguirse, más que por una causa común a todos los miembros de ese colectivo.
-la oposición al entorno condicionante puede fácilmente surgir de una oposición estética más que ética.
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